Es el artista alicantino más conocido internacionalmente y uno de los representantes españoles más genuinos de la abstracción geométrica y de las tendencias ópticas y cinéticas. Su obra es el fruto de un continuo y riguroso trabajo sobre la geometría, el movimiento y la ilusión óptica, en el que además desarrolla, desde la composición y la forma, una poética lírica de singular belleza.
La Colección Municipal Eusebio Sempere está constituida por las obras del artista alicantino que el Ayuntamiento de Alicante ha adquirido desde 1978 hasta hoy. Son 575 piezas entre dibujos, pinturas, esculturas y obra gráfica Cronológicamente este conjunto de obras abarca un periodo muy extenso de la producción de Sempere: desde los primeros años 40 (dibujos y óleos) a las primeras obras modernas que el artista realizó en París en los años 50 (una amplia selección de acuarelas y gouaches), siguiendo con las pinturas sobre tabla de los años 60 tan características de su producción y esculturas en hierro y acero cromado, típicas de su trabajo en los 70. Asimismo, incluye una importante selección de serigrafías y litografías que recoge lo más singular de su obra gráfica. Se trata de una colección que recorre la evolución creativa de una de las personalidades más interesantes del panorama artístico español de la segunda mitad del siglo XX. Es —además—, un auténtico homenaje a Sempere, protagonista de uno de los actos más generosos para con la ciudad de Alicante: la donación de su colección de arte… toda una vida.
De los esenciales a los imprescindibles
La Colección Arte Siglo XX donada por Eusebio Sempere a la ciudad de Alicante es el pilar de este nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Alicante. Está compuesta por 177 piezas entre esculturas, pinturas, dibujos y obra gráfica, fechadas entre los años veinte hasta los primeros ochenta y es el fruto de una rigurosísima labor de selección y adquisición de obras de los más grandes artistas de la modernidad y las vanguardias del pasado siglo.
La Colección atesora auténticas piezas maestras que representan los principales nombres y movimientos del arte español, donde alcanza sus más altas cimas. Con decidida vocación internacional, su creador, Eusebio Sempere, deja patente su gran sensibilidad, visión de futuro y sobre todo, su voluntad de difundir los valores estéticos del arte del siglo XX.
Algunos de los más importantes creadores de nuestro siglo están representados aquí: Picasso, Braque, Julio González, Juan Gris, Gargallo, Delaunay, Arp, Cocteau, Chagall, Giacometti, Miró, Dalí, Max Ernst, Calder, Bacon, Matta, Fautrier, Clavé, Tàpies, Chillida, Millares, Saura, Vasarely, Agam, Soto, Rosenquist, Oldenburg, Rauschenberg, Adami, Dine… entre otros. Pero es en el ámbito propio del arte español del siglo XX donde encontramos las mejores obras de la Colección y una más extensa relación de tendencias, movimientos y grupos significativos del arte de vanguardia en nuestro país con obras de Alberto Sánchez, Ferrant, Palazuelo, Guerrero, Viola, Feito, Rivera, Canogar, Juana Francés, Pablo Serrano, Alfaro, Guinovart, Ràfols Casamada, Hernández Pijuán, Farreras, Manrique, Mompó, Torner, Rueda, Zóbel, Lucio Muñoz, Equipo Crónica, Julio López Hernández o Genovés, entre otros…
Una impresionante muestra de pinturas, esculturas, obras mixtas adosadas, dibujos, grabados, litografías y serigrafías viene a completar la extensa nómina de artistas imprescindibles, recorriendo los territorios más sugerentes del entramado artístico del siglo pasado.
El MACA cuenta desde hoy con la pieza de Arcadio Blasco «Objeto-idea» con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento. La obra ha sido depositada por un periodo de cinco años por José Piqueras, y se expone desde hoy en la planta baja del museo. El artista
Arcadi Blasco Pastor (Mutxamel, Alicante, 1928 – Majadahonda, Madrid, 2013) fue un pintor que en la segunda mitad de la década de los 50 encuentra en la cerámica el material idóneo para la expresión plástica. Su formación artística como pintor tiene lugar en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde llegó a los 19 años, terminando el curso de profesorado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia en 1953. Ese mismo año se traslada a Italia, en donde reside por dos años en la Academia de España en Roma, allí tiene su primer contacto con la cerámica a través de la obra de Nino Caruso y de Carlo Zauli.
Al regresar a España, realiza sus primeras experiencias cerámicas y se interesa por la cerámica artesanal, lo que lleva a trabajar con el alfarero de Cuenca, Pedro Mercedes- con el que intercambia saberes-, y en otros talleres de cerámica popular de Agost y Triana (Cerámica Montalbán). En 1955 instala su primer taller en la nave- cedida por el arquitecto Luis Feduchi- el edificio a mitad construir del Museo de América situado en la Ciudad Universitaria de Madrid, que compartió con José Luis Sánchez, Jacqueline Canivet y Carmen Perujo; allí realizaría, entre otras obras, muchas vidrieras, mosaicos y murales cerámicos destinados, en gran parte, a ornamentar las iglesias que se construyeron por encargo del Instituto de Colonización de los Pueblos de España, colaborando con los arquitectos José Luis Fernández del Amo, Ignacio Gárate, Luis Cubillo, García Benito, Luis Feduchi, Fernández Alba y Fisac, entre otros. El inmenso espacio de este lugar de trabajo para la creatividad también fue utilizado ocasionalmente por pintores como José Vento, Hernández Mompó, Rafael Canogar, Antonio Saura, etc., que tenían necesidad de realizar obras de gran formato y no disponían de espacio suficiente en sus estudios. Este taller provisional llegó a convertirse en un lugar de encuentro de artistas de la joven vanguardia madrileña.
Precisamente, una de las características más destacables de la trayectoria como ceramista de Arcadio Blasco es su participación directa, entre los años 1945 y 1974, en el nuevo acontecer del arte contemporáneo, pues fue – como ha señalado acertadamente Carmen González-, «el único artista cerámico que por una serie de «casualidades»- como él mismo define- participa en el campo de las artes plásticas, y que ha realizado gran cantidad de exposiciones nacionales e internacionales en los foros del arte contemporáneo llevando siempre obra cerámica.
Después de una primera aproximación directa al quehacer cerámico, que consistió en emplear la superficie de recipientes como soporte de su vocabulario pictórico – realizando obras con cierta carga decorativa-, Arcadio Blasco se sentirá fuertemente atraído por las cualidades y expresividad de esta materia, y como consecuencia nacerán sus Cuadros cerámicos (1956-64).
En todos sus ciclos de trabajo posteriores: Objetos idea (1969), Propuestas ornamentales (1969-74), Arquitecturas y Muros para defenderse del miedo (1970-86), Ruinas arqueológicas (1984-86), Ruedas de Molino para comulgar (1985).Homenajes (1992-95), las arcillas de distintas tonalidades, los engobes, vidriados – menos frecuentes y muy matizados-, y las aplicaciones de óxidos colorantes de tonos terrosos serán – muchas veces sometidos a una cocción reductora-, los materiales protagonistas de sus obras.
En aquel torbellino de búsquedas en que se convirtieron los años 50 para los artistas españoles más inconformistas, Acadio Blasco indaga en las posibilidades de la materia cerámica y encuentra en la arcilla cocida el medio idóneo con el que realizar en volumen sus últimas investigaciones pictóricas, que desembocarán – en cerámica- a finales de los años 60 en relieves y esculturas de compromiso social y crítica política.
Con su regreso en 1985 a su pueblo de nacimiento (Mutxamel) y la instalación de su taller en una casa de campo de la partida de Bonalba, Alicante recobró un artista en plena madurez que hizo un esfuerzo por activar la cultura alicantina a través de distintas iniciativas, algunas relacionadas con la cerámica y su enseñanza.
Algunos de estos “Objetos-idea” de finales de los sesenta se mostraron en la exposición de Arcadio Blasco en el Pabellón Español de la XXXV Bienal de Venecia en junio de 1970, y fueron la antesala de sus “Propuestas ornamentales para el diálogo” y de las “Propuestas para torturar”, series a las que pertenecen obras fundamentales de su producción artística de principios de los setenta como el “Recinto para un asesinato legal” de la colección del MACA.
La cerámica es protagonista y los relieves comienzan a envolverse sobre sí mismos, a querer ocultarse, adquiriendo un aspecto más escultórico e incluso arquitectónico con la inserción de huecos practicables. Estas obras están trabajadas con minuciosidad artesanal mediante un conjunto de recursos muy personales: toques e impresiones a modo de escritura cuneiforme y repetitiva; hileras de bolas o perlas de arcilla añadidas y de diferentes tamaños; cuentas de collar o radiaciones como si fuesen piezas de orfebrería de antiguas culturas, refinadas y bárbaras a un tiempo, con todo tipo de rugosidades y relieves donde parece hervir aún la materia.
Las cinco fotografías de Henri Cartier Bresson que aquí se muestran pertenecen a la Colección Per Amor a l’Art – Fundació Per Amor a l’Art de Valencia. Estas piezas invitadas en el MACA forman parte del proyecto expositivo Vulnerabilidad(es), realizado en colaboración con Bombas Gens Centre d’Art y el Museo de la Universidad de Alicante.
La vulnerabilidad es una realidad compleja que ha adquirido notable protagonismo en los últimos tiempos a raíz de fenómenos como la desigualdad social, los efectos del cambio climático, la violencia de género, los movimientos migratorios o la reciente pandemia Covid. La reflexión teórica sobre la vulnerabilidad del ser humano no es reciente; sin embargo, la urgencia de respuestas al momento que vivimos, tan comprometido en muchos aspectos, ha validado su actualidad.
De manera inmediata asociamos el concepto de vulnerabilidad con el de fragilidad. Ser vulnerable es ser un sujeto frágil. A menudo trasladamos esta condición sobre otros en razón de su género, su cuerpo o su posición social pero eludimos el pensamiento de que dicho estado es constitutivo de nuestra propia experiencia y, por tanto, consustancial a la naturaleza humana. La pensadora feminista Judith Butler ha propuesto repensar la vulnerabilidad como medio para alumbrar otros modelos de vida en común, basados en el reconocimiento de la interdependencia entre sujetos y en la necesidad de los cuidados. Por tanto, la vulnerabilidad no es motivo de inacción o sometimiento sino una oportunidad de emancipación social y resistencia política.
Con este espíritu surge la exposición Vulnerabilidad(es): como un acercamiento a las experiencias de la fragilidad desde las prácticas artísticas que incite a comprendernos como seres vulnerables –tanto en las aristas sociales como individuales– pero capaces de actuar de forma colectiva para construir nuevas formas de relación entre nosotros y de nosotros con la naturaleza.
Henri Cartier Bresson (1908-2004) es uno de los nombres fundamentales de la historia de la fotografía del último siglo. Fue pionero del periodismo moderno, impulsor de la agencia Magnum Photos y creador del concepto del instante decisivo: la sensación de hacer coincidir el ojo, la cabeza y el corazón en un gesto concentrado que permite captar la realidad por sorpresa.
Nacido en Francia, quiso dedicarse a la pintura y comenzó a frecuentar a los artistas, sobre todo los surrealistas, que marcaron decisivamente su mirada casi pictórica que plasmará en imágenes lejos de lo anecdótico y lo más cerca posible de la íntima verdad de la gente. Siempre usó el blanco y negro y fue enemigo del color y del uso del flash.
De fuertes convicciones políticas, anticolonialista y republicano, su compromiso le situó en los escenarios revolucionarios más icónicos convirtiéndole en un impenitente viajero. En los años 30 recorrió varias ciudades españolas, entre ellas Alicante, donde captó con su cámara lúcida, estas famosas imágenes.
Obras:
Henri Cartier Bresson
Alicante, Spain, 1933
Fotografía a las sales de plata
Colección Per Amor a l’Art, Valencia.
Henri Cartier Bresson
Alicante, Spain, 1934
Fotografía a las sales de plata
Colección Per Amor a l’Art, Valencia.
Henri Cartier Bresson
Madrid, Spain, 1933
Fotografía a las sales de plata
Colección Per Amor a l’Art, Valencia.
Henri Cartier Bresson
Madrid, Spain, 1933
Fotografía a las sales de plata
Colección Per Amor a l’Art, Valencia.
Henri Cartier Bresson
Flooding, Spain, 1933
Fotografía a las sales de plata
Colección Per Amor a l’Art, Valencia.
Esta obra original y vanguardista, acompaña la exposición a las obras de la Colección de Arte del Siglo XX; se exhibe junto a piezas muy relevantes del MACA, como Kiki de Montparnasse de Pablo Gargallo, lienzos y esculturas de Julio González o compartiendo el espacio vanguardista entre los Miró, Juan Gris, Alexander Calder o Ángel Ferrant.
En 1927 René Magritte [Lessines, Hainaut, (Bélgica), 1898–Bruselas, (Bélgica), 1967] se trasladó a París, donde entabló amistad con André Bretón y se convirtió en uno de los miembros más destacados del grupo surrealista. Sus composiciones se caracterizan por la yuxtaposición de objetos cotidianos en contextos inusuales, representados con una pintura depurada de colores claros y fondos planos. Esta obra recoge uno de sus motivos más célebres, el hombre tocado con un bombín y sin rostro, que a menudo ha sido interpretado como alter ego del propio Magritte. Aquí, la figura aparece duplicada y silueteada para alojar, respectivamente, un tupido follaje y un paisaje con el cielo y las nubes como protagonistas. Esta peculiar mezcla entre realidad y ficción produce una imagen desconcertante, característica del estilo del maestro belga.
En La Belle Société, pintada por el artista poco antes de morir, superpone dos siluetas de un mismo personaje, pero sustituye la imagen de un hombre por contornos que contienen motivos naturales y paisajísticos; una vegetación tupida, y delante, un perfil idéntico de playa y horizonte. Las siluetas actúan como si fuesen dos ventanas hacia la realidad exterior; quizás se observen entre ellos, quizás haya una perpetua conversación entre dos tipos de naturaleza diferente que no llegan a entrelazarse. Lejos de sumirse en el automatismo de la corriente más libre del surrealismo y sin abandonar, sin embargo, el gusto por lo onírico o psicoanalítico, Magritte dibuja con una línea segura, limpia, casi simple, con formas sencillas en aras de la libertad y la expresividad del pensamiento.
Magritte explicaba así su concepción de la pintura: “La imagen pintada es, de una parte, la descripción del mundo visible modificado por una manera de pensar, o bien por otra parte, la imagen pintada es la descripción del mundo visible comprendido de una manera espontánea”.
Le Parc desarrolla diferentes indagaciones con la luz; pequeñas cajas con luz y movimiento que producen cambios de imágenes y colores. Para todo ello recurre a iluminaciones artificiales, efectos especulares, reflejos y movimientos, manuales o mecánicos, el fluir de líquidos fosforescentes o el movimiento de hilos de nailon.
Estudió en Buenos Aires pero en 1958 gracias a una beca del gobierno francés se instaló en París. En 1960, funda el GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel, Grupo de Investigación de Arte Visual) junto con Hugo Demarco, García Rossi, Hugo Demarco, Francois Morellet, Francisco Sobrino, J. Stein, Yvaral. Este grupo activo hasta 1969 fomentará textos colectivos, encuentros, debates, presentación de experiencias… que tendrá gran influencia en el arte geométrico del siglo XX.
Cercles fractionnés pertenece a una serie de obras tituladas Desplazamientos. Aquí, la imagen está en relación estrecha con el desplazamiento del espectador y su cambio sufre una aceleración ligada al movimiento de éste. La utilización de la lumalina, un producto plástico y flexible, metalizado y con propiedades ópticas propias de los espejos, permitió al artista realizar las primeras investigaciones con placas curvas reflectantes que deformaban las imágenes. En esta obra, el panel de láminas fracciona y multiplica las formas geométricas (círculos concéntricos) que se encuentran en el lado opuesto al espectador.
Experiencias abstractas en torno a Manolo Millares
El MACA presenta una nueva exposición titulada «Ahora se quedó la prisa quieta». Experiencias abstractas en torno a Manolo Millares. Esta exposición, ha sido comisariada por Rosa Castells, muestra las obras realizadas en el contexto más abstracto, desde los pioneros de las vanguardias en París a los informalistas españoles, entre los que destaca la obra del artista canario Manolo Millares, a quien rendimos homenaje en el 50 aniversario de su muerte.
EL CONTEXTO
La Colección Arte Siglo XX. Eusebio Sempere y su compañero Abel Martín aprendieron la técnica de serigrafía en París, en el taller del artista cubano Wifredo Arcay. Cuando vuelven en 1960, introducen esta técnica de estampación en España realizando bellísimas serigrafías de ellos mismos y de sus amigos artistas situados en torno al Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Al principio, Sempere y Martín trabajaban juntos hasta que, a mediados de los años 60, Abel se convirtió en referencia del oficio de serígrafo, encargándose del proceso técnico con gran calidad en las estampas y carpetas que salían de sus talleres en Cuenca y Madrid. Y así se convirtió en figura clave en la reproducción y difusión del arte contemporáneo en nuestro país.
La profunda convicción de que la obra gráfica merecía status de obra original, de que ponía el arte contemporáneo al alcance de una gran mayoría de público convirtiéndolo en fenómeno de masas y el respeto y entusiasmo que ambos (Eusebio y Abel) profesan por la obra gráfica, enriquece la propia Colección Arte Siglo XX. Una impresionante muestra de dibujos, grabados, litografías y serigrafías viene a completar la extensa nómina de artistas imprescindibles que recorren los territorios más sugerentes del entramado artístico del siglo XX.
Fruto del trabajo de serígrafo del propio Abel Martín son las obras pertenecientes a la Colección Arts Citerior que se encuentran depositadas en el MACA y que se muestran en la sala: dos obras de Saura, una de Guerrero y dos del propio Millares.
MANOLO MILLARES
Diario de una excavación imaginaria y barroca
Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926 – Madrid, 1972) es uno de los artistas fundamentales en el arte de la segunda mitad del siglo XX, protagonista de la renovación de los lenguajes plásticos durante los años 50 y 60, primero desde el grupo canario LADAC (Los Arqueros del Arte Contemporáneo) y después, desde el grupo El Paso, en cuya creación participa.
Su interés por la cultura canaria aborigen, la arqueología y la antropología se manifiesta desde sus primeras pinturas emparentadas con el surrealismo, hasta sus pinturas informalistas que rompieron la planitud del lienzo. La experimentación pictórica con los bastidores de madera, la utilización de una paleta reducida a tres colores: blanco, negro y rojo y la incorporación de la arpillera que cose, desgarra y remienda, mientras desarrolla una conciencia social y política paralela al espíritu de la época, marca toda su producción artística, desgarrada y, hasta cierto punto, turbadora.
El lienzo como campo de batalla en unos años sombríos de cardo y ceniza. La idea de la muerte material, la mortaja, las momias, las tumbas, túmulos y sepulcros, la destrucción misma, son esencia despojada en su obra. Aunque siempre estuvo fascinado por el signo y la grafía, hacia 1970 incorpora en sus obras frenéticas escrituras inventadas desarrollando una extraña caligrafía que pasa del grafiti al arabesco, con reminiscencias barrocas. Con tinta china y acuarela gris humo, dibuja sobre papeles, dejando volar su pluma ágil, escribiendo palabras, frases, párrafos que recuerdan la caligrafía del siglo XVII, pero en las que no se puede entender nada y menos, el sentido racional del mensaje.
Las obras
Son protagonistas de la muestra, una extraordinaria arpillera de Manolo Millares perteneciente a la Colección de Arte Fundación Mediterráneo de 1962 y la carpeta de serigrafías Descubrimientos Millares 1671. Diario de una excavación imaginaria y barroca de la Colección Arte Siglo XX, la última carpeta de serigrafías realizada por Manolo Millares antes de su muerte. Editada por el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca en 1971 y compuesta por 12 originales fue estampada en serigrafía por Abel Martín.
La exposición, junto a las obras de Millares, la completan nombres tan importantes como Joan Miró, Georges Braque, Salvador Dalí, Jim Dine, Max Ernst, Öyvind Fahlström, Jean Fautrier, Sarah Grilo, José Guerrero, Joan Hernández Pijuán, Maryan Pinchas, Georges Mathieu, Rufino Tamayo, Joan Ponç, Antoni Tàpies o Antonio Saura.
El MACA presenta la tercera exposición dentro del programa «Contexto vanguardias» con una obra de Georges Vantongerloo. Este programa trata de mantener un diálogo permanente entre las obras de la colección del IVAM pertenecientes a las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX y las obras de la Colección Arte Siglo XX, de forma que se establezcan lecturas complementarias, miradas transversales, apoyo y contexto para algunas piezas que, en comunicación con otras, fortalecen su lenguaje y mensaje, mientras se completa la visión de una época fundamental de la modernidad que transita por caminos entre la tradición y lo nuevo.
Esta tercera exposición está formada por la obra de la colección del IVAM del artista belga Georges Vantongerloo titulada «Painted cement relief» de 1930, que se muestra junto a otros artistas contemporáneos como Julio González, Pablo Gargallo o Juan Gris.
El artista
Georges Vantongerloo (Amberes, Bélgica, 1886- París, Francia, 1965) fue uno de los grandes teóricos del siglo XX. Pintor, escultor y arquitecto, reconceptualizó el espacio pictórico y escultórico del arte abstracto de principios del siglo XX. En 1917 fundó junto a Piet Mondrian y Theo Van Doesburg el grupo De Stijl y en los años 30 formó parte del movimiento Abstraction-Création. Su pintura, basada en el ángulo recto y la relación entre las líneas y las superficies de colores planos, sigue reglas estrictamente geométricas sustentada por la idea del vacío, el silencio y el absoluto. Vantongerloo se convirtió así en el fundador del pensamiento matemático en el arte moderno.
El contexto
Los finales de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial proponen mundos antagónicos, escenarios radicalmente diferentes, pero ambos han de edificarse sobre una tierra baldía; en el dolor, en las ruinas y los escombros materiales y éticos que produce la destrucción absoluta de la guerra. Y lo hace en condiciones vitales complejas: en el exilio, en la emigración, en la represión.
Las dos posguerras supusieron una cesura radical para la historia de la cultura. En la España de la dictadura, el proyecto estético imaginado desde la Falange tratará de reducir la cultura a propaganda de estado, romper con los experimentalismos de las vanguardias y retornar a un cierto academicismo articulado desde la idea de lo nacional y lo católico. En los años cincuenta la necesidad de legitimación internacional del Régimen buscará seguir instrumentalizando la cultura, pero desde un acercamiento a lenguajes más contemporáneos. Eso sí, sin perder las esencias de «lo español y lo católico». En el resto del mundo, abatido tras la guerra y sus espantos, la ruptura con las vanguardias anteriores vendrá de la inquietante pregunta sobre la relación entre civilización y barbarie. En ambos casos los totalitarismos, la violencia o la miseria cultural obligaron a numerosos artistas a emigrar, a exiliarse, y a trabajar a la intemperie. Pero su viaje enriqueció singularmente aquellos territorios que les acogieron.
La exposición
Constituida por 140 obras, pertenecientes en su mayoría a la colección del IVAM, a las que se suman obras del MACA, del MUA, Museo de la Universidad de Alicante, del Patio Herreriano, de la Colección Esmeraldina Gumbau, del Archivo Lafuente, y el IVC, Institut Valencià de Cultura, esta exposición ensaya una lectura en la que más que las diferencias de estilo se contemplan las continuidades, las semejanzas, los ecos mutuos, el esfuerzo compartido, cuando la trama de los acontecimientos históricos es tal que resulta absolutamente determinante en las decisiones poéticas, discursivas, formales o estilísticas; en la mirada y el pensamiento de la humanidad sobre sí misma. Arte en una tierra baldía, 1939 – 1959 incluye obras de: Albers, Alfaro, Blasco, Brossa, Buch, Buñuel, Chillida, Dubuffet, Duchamp, Ferrant, Juana Francés, Manolo Gil, Jacinta Gil, Julio González, Gorky, Gottlieb, Gumbau, Lucebert, Soulages, Masson, Michaux, Millares, Miró, Newman, Oteiza, Palazuelo, Pascual de Lara, Renau, Matilde Salvador, Saura, Sempere, Tàpies, Reinhardt, Val del Omar… y una mirada fotográfica en torno a la reconstrucción de la vida cotidiana a partir de las imágenes de Catalá Roca, de Miguel o los Hermanos Mayo.
El arte puede a la vez ser intemporal y no ser ajeno al tiempo que le toca vivir. Los finales de la guerra civil española y la II Guerra Mundial proponen mundos antagónicos. Mientras en España se impone una dictadura, en Europa las tiranías fascistas han sido derrotadas. Son escenarios radicalmente diferentes, pero en ambos ha de edificarse sobre una tierra baldía; en el dolor, entre las ruinas éticas y materiales que la destrucción de una guerra produce; y en condiciones vitales extremas: en el exilio, en la emigración, en la represión. Se trata de un momento histórico que resulta fundamental en las decisiones poéticas, discursivas, o estilísticas; en la mirada y el pensamiento que la humanidad proyecta sobre sí misma.
Arte en una tierra baldía, 1939—1959 propone tres espacios contiguos:
Verdor en nuestra tierra árida
Para el primer franquismo, (1939-1959), el arte y la cultura eran una importante herramienta de propaganda. En los años cuarenta, la cultura falangista y el nacionalcatolicismo propusieron el olvido de las experiencias vanguardistas anteriores y un retorno a formas académicas vinculadas más a la formación del «espíritu nacional» que a la libre expresión individual. Sin embargo, a pesar de la censura y la aspiración a un control absoluto de la producción cultural, no dejó de haber artistas que aisladamente o en grupo intentaron mantener o reinventar aquel espíritu innovador.
La década de los cincuenta supondrá la progresiva tolerancia del estado con formas y prácticas artísticas más experimentales. La abstracción saldrá triunfante de un intenso debate, en el ámbito artístico, sobre su sentido y sus posibilidades. Paradójicamente, el arte sacro se constituiría en una de las puertas de apertura hacia formas más contemporáneas. El arte de vanguardia, en paralelo a la intensificación de las relaciones diplomáticas con EE. UU. en el contexto de la Guerra fría, comenzó a usarse —igual que allí se hizo— para promocionar una imagen de apertura y libertad.
Destierros
El triunfo del nazismo en Alemania produjo una grave suspensión de las libertades, la persecución de todas la formas culturales y artísticas que no fueran afines al Tercer Reich, y el exilio forzado de numerosos creadores e intelectuales. En 1939 las tropas alemanas invaden Polonia, en 1941 Alemania ya había ocupado la práctica totalidad de Europa. A medida que avanzaba la ocupación nazi, multitud de artistas iniciaran una larga huida. En España la derrota republicana supuso el éxodo masivo de grandes personalidades del arte y la cultura. Igual que en los años veinte y treinta el arte de vanguardia se había nutrido de la emigración española a París, ahora esta emigración forzada, vivida entre la nostalgia, la esperanza y la adaptación, enriquecerá los numerosos territorios de acogida. Así, el exilio español en México o el europeo en EE. UU. serán fundamentales para la renovación artística.
Como quien espera el alba
Tras la II Guerra Mundial se establece un nuevo orden geopolítico, Europa ya no es el centro económico ni cultural. A un lado y otro del Atlántico, la experiencia de la guerra y la sensación del fracaso de unas tradiciones culturales que se mostraron impotentes para detener la barbarie —o que incluso la acompañaron— produce la necesidad de una profunda renovación tanto de las fuentes, como de los medios, de los materiales y de las prácticas artísticas. Se impone la sensación de que había que recomenzar, que lo anterior encarnaba un fracaso. Se recurre entonces a lo espontáneo o a lo irracional, a la exploración de límites de la razón o del conocimiento, a lo puramente visual frente a lo narrativo, a la libertad individual, a la subjetividad, a la huella, la herida o la fractura sobre el lienzo o la materia. Se trata de un esfuerzo por desaprender y empezar de nuevo. El arte, cada vez más, se piensa a sí mismo. El arte convierte al arte en su propio tema.
Manuel Ángeles Ortiz, Francesc Catalá i Roca, Man Ray, Henri Michaux, László Moholy Nagy, Jorge Oteiza, Kurt Schwitters, Georges Vantongerloo, Mauricio Amster Cats, Karel Appel, Monika Buch, Vicente Castellano Giner, José Miguel de Miguel Ruiz, Marcel Duchamp, Lucio Fontana, Menchu Gal, Manolo Gil Pérez, Jacinta Gil Roncalés, Arshile Gorky, Adolph Gottlieb, George Grosz, Raoul Hausmann, Hermanos Mayo, Asger Jorn, Franz Kline, Lee Krasner, Lucebert (Lubertus Jacobus Swaanswijk), Marcel Mariën, André Masson, Fausto Melotti, Barnett Newman, Carlos Pascual de Lara, Ad Reinhardt, Josep Renau, Pierre Soulages, Friedrich Vordemberge, Gildewart, Herbert List, Óscar Domínguez, Ricard Giralt, Miracle, Maruja Mallo, Mathias Goeritz, Luis Felipe Vivanco, Ángel Gullón, José Gumbau, Matilde Salvador
Esteban Vicente
El MACA presenta en Alicante la exposición sobre Bruno Munari. La muestra, que podrá verse hasta el 25 de septiembre, ha sido realizada en cooperación con la Fundación Juan March y cuenta con la colaboración del Consorci de Museus.
El Museo de Arte Contemporáneo de Alicante presenta en Alicante una versión adaptada a sus espacios de la primera exposición dedicada a Bruno Munari en nuestro país, que tuvo lugar en Madrid entre febrero y mayo de este año. Coorganizada con la Fundación Juan March, la muestra itinera al MACA para continuar en el Museu Fundación Juan March en Palma y el Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca gracias al acuerdo entre estas instituciones.
Hay artistas que han tenido una influencia significativa en la cultura del siglo XX pero que sin embargo no son lo suficientemente conocidos. Bruno Munari (Milán, 1907-1998), a quien Picasso definió como “un Leonardo de nuestro tiempo”, es uno de esos casos paradójicos.
A través de una selección de más de 150obras,la exposición comisariada por Marco Meneguzzo, Manuel Fontán del Junco y Aida Capa abarca todos los aspectos de la producción artística de Bruno Munari y pone de manifiesto la amplitud de medios utilizados por el autor en su investigación plástica y visual, siempre experimental e innovadora.
La muestra ha sido posible gracias a la generosidad de los propietarios, que han prestado las piezas de Munari durante este largo periodo. Hay que destacar entre ellos a la Fondazione Jacqueline Vodoz e Bruno Danese de Milán, la Repetto Gallery de Londres, el Archivo Lafuente, el Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, la Galería Cadaqués, el Archivio Ugo Mulas y diversas colecciones particulares.
Esta monográfica sobre el autor ha sido concebida como si fuera “una exposición colectiva de Bruno Munari” (subtítulo que él mismo dio a una de sus muestras), porque presenta un conjunto muy variado de procesos y resultados que, con imaginación y método, produjo como por arte de magia una sola persona: Bruno Munari.
En su obra encontramos de modo pionero y muy singular “el diseño gráfico como profesión, libros como proyectos, juegos como investigaciones, objetos como obras”, en palabras de Beppe Finessi, uno de los expertos que ha colaborado en el catálogo que ha publicado la Fundación Juan March.
En 1927, con apenas 20 años, Munari expuso por primera vez su obra, junto a la de los artistas futuristas italianos de la segunda generación. Después se alejaría de ellos para desarrollar su propio proyecto, extremadamente singular. En 1930 daría un giro hacia la abstracción, que culminó con su primera “máquina aérea”, de la que nacería la serie de “máquinas inútiles”, curiosas piezas basadas en el dinamismo de las formas. El temprano interés de Munari por este tema le llevaría más adelante a investigar con tecnologías y procesos entonces novedosos, como la fotocopiadora o la programación informática. Se sucederán sus experimentos con luz y un tipo de obras que derrocha ingenio poético, como los Fossili del 2000[Fósiles del 2000], las Sculture da viaggio [Esculturas de viaje],Forchette parlanti[Tenedores parlantes], losPrelibri [Prelibros]y los Libri illeggibili [Libros ilegibles].
En paralelo a su labor como artista, Munari desarrolló una actividad muy relevante como diseñador gráfico y editorial, en la que aplicó un método riguroso. Toda la obra de Munari aparece animada por una fuerte vocación pedagógica. A finales de la década de 1970 puso en marcha en la Pinacoteca di Brera de Milán sus “laboratorios Munari”, talleres para niños con propuestas activas para aprender haciendo, experimentando y jugando.
La presente muestra incluye un taller creativo inspirado en la obra de Munari especialmente ideado para la ocasión, al que se destina un espacio propio en el que niños, jóvenes y familias convivirán con las piezas del gran Alfabeto Lucini, creadas por el artista a partir de materiales diversos.